Tom.-
El aliento me ardía en los pulmones, no sé cómo pude lanzarme por esa ventana ¡Maldito Alexander Lennox! Jamás lo vi como un problema, lo cual fue un error.
Me oculto detrás de una columna, observo con atención a la mole de trajes oscuros que estaban detenidos con armas largas junto a un Cadillac, estos no eran policías, tampoco agentes caigo en cuenta que en todo este tiempo subestimé a ese imbécil.
— ¡Maldita sea! De aquí no saldré vivo, esa es su intención pero no me daré por venci