Edgar.-
El silencio de la mansión se me clavaba en los tímpanos como agujas.
Salí de mi habitación con la frente en alto y una sonrisa de caballero, pero en cuanto la puerta se cerró tras de mí sentí que las paredes se burlaban de mi nobleza.
“Esposo”
Un título legal, una cáscara vacía. Madison estaba allí dentro, a pocos metros llevando mi anillo, pero suspirando por lo recuerdos de un hombre que no dudó en casarse con otra.
— Él no la merece –mascullé mientras caminaba hacia el garaje, nu