Todd.-
Un escalofrío me recorrió la columna, si ella no tenía miedo, significaba que aquella noche de horror había sido real.
La amargura subió por mi garganta como hiel.
Me acerqué a ella invadiendo su espacio personal hasta que pude oler su perfume.
La miré con un desprecio que ya no buscaba herir.
— No te equivoques, Beatrice –mi voz era un susurro gélido que parecía cortar el aire–. Que ese niño sea mío no cambia nada entre nosotros, absolutamente nada.
Ella bajó la mirada por un segun