Edgar.-
El zumbido de los servidores en mi búnker privado era la única música que necesitaba.
Las luces LED parpadeaban en un baile frenético de color azul y verde, reflejándose en mis gafas mientras mis dedos volaban sobre el teclado mecánico.
Cada clic era un disparo, cada línea de código un sentencia de muerte para el pasado de Madison.
— Casi está, Maddie –susurré para mí mismo mientras un script de mi autoría terminaba de devorar los archivos del servidor central de la policía.
No me l