Él no decide sobre mi hija.
Desde que sus informantes le avisaron que Anny había sido trasladada a la sala de observación y que Aitana se encontraba en la cafetería, Isaura no lo dudó.
Caminó por los pasillos del hospital con paso seguro, como si aquel lugar le perteneciera. Nadie la detuvo. Nadie la cuestionó. Isaura sabía moverse allí; sabía cuándo avanzar y cuándo desaparecer.
Al ingresar a la sala de observación, vio a Anny dormida.
«Mocosa… has empezado a desagradarme»
El monitor marcaba el ritmo estable del corazón