Lealtades enfermas.
En cuanto Isaura se enteró de que a Aitana le habían permitido entrar al quirófano, se descontroló por completo. La rabia la volvió histérica. Comenzó a caminar de un lado a otro frente a la oficina de Alan, como una fiera acorralada, esperando su llegada con los nervios crispados y el corazón latiéndole a golpes.
Cuando por fin lo vio aparecer al fondo del pasillo, corrió hacia él sin pensar.
—¡Padre! ¿Cómo pudiste dejar que…! —alcanzó a decir apenas.
Pero no terminó la frase. Ya que el sonido