Frente a su control.
—A una habitación privada, en el ala este. Aquí mismo, en el hospital.
Marisa le agradeció y salió arrastrando a Aitana de la mano.
Aitana gruñía, furiosa.
—Si por culpa de Jax Anny resulta mal… lo voy a matar con mis propias manos.
Marisa se detuvo en seco.
—Ese hombre no me agrada. Y el trato que te da es fatal. Pero no creo que dañe a Anny.
Aitana la atravesó con la mirada y rió sin humor.
—¿Te estás escuchando? ¿Estás defendiendo a Jax O’Brien, al hombre más despreciable del mundo?
—No lo d