Aitana se mordió la lengua para no responder con un insulto.
Jax la miraba como si verla ahí, arreglada para otro hombre, le incendiara la sangre. Sus ojos estaban inyectados, oscuros, fijos en ella como si quisiera quebrarla solo con la mirada.
—¿Sabes qué es lo peor? —continuó él, con la voz rota entre unos celos que no admitiría ni para sí mismo—. Que te ves feliz. Te ves… libre.
Aitana abrió la boca para responder, pero él habló antes:
—Y eso no te corresponde.
—Eres un loco que le obsesion