Capítulo 50 —La Marca del Cobarde
El silencio que siguió fue la sentencia final. Alessia no esperó una respuesta que sabía que no llegaría; Enrico ya había tomado su decisión y ella no iba a quedarse ahí a recoger las migajas de su indecisión.
—Me voy a dar una ducha —dijo ella, con una voz que recuperó la frialdad del acero—. Por favor, dile a uno de tus hombres que prepare un coche. Quiero que me lleven al hotel ahora mismo.
No lo miró. Caminó hacia el baño con la espalda recta, aunque sentía