Capítulo 84 —El Peso de la Seda
Salieron de la cafetería bajo el sol ya alto de Manhattan. El aire estaba cargado de humedad y el ruido de los cláxones era la banda sonora perfecta para el silencio tenso que se había instalado entre ellos después de las confesiones en el desayuno. Enrico caminaba con una mano en el bolsillo, moviéndose con esa elegancia depredadora que hacía que la gente se apartara sin que él tuviera que pedir permiso.
Llegaron al hotel, un edificio de fachadas neoclásicas y un