Stella se inclinó suavemente sobre Oliver. Con una sonrisa fingida, acarició la mejilla del pequeño y, apenas un par de segundos después, se apartó.
—Crecen tan rápido —comentó con un tono dulce, aunque cargado de indiferencia.
Luego se acercó hacia Ethan, quien se encontraba de brazos cruzados analizando el comportamiento de su madre.
—¿Podemos conversar en tu oficina, hijo? —preguntó colocando su mano sobre sus brazos.
Ethan frunció el entrecejo, pero accedió sin replicar.
El pelirrub