En la biblioteca, Ethan conversaba con su madre, quien parecía determinada a mantenerlo ocupado el mayor tiempo posible. Sus gestos eran relajados, pero él conocía demasiado bien sus maniobras.
—¿A qué realmente viniste, mamá? —preguntó con suspicacia—. No creo que sólo haya sido a ver a Oliver, como dijiste.
Stella dejó escapar una leve risa, acomodándose con elegancia en el sillón.
—Tienes razón, querido. Vine… porque quería disculparme contigo por lo de la noche de mi cumpleaños —respondi