Sin arrepentimientos...
Mateo se contuvo, en ese preciso instante. ¿Qué estaba sucediéndole?
—Disculpa. —apenas murmuró.
—No te preocupes, fui yo quien tropezó. —dijo ella apartándose de él.
Caminaron hasta el coche, él le abrió la puerta y la ayudó a subir al auto. Luego condujo hasta el cine en silencio. Llegaron justo cuando la película estaba por comenzar y tomaron los últimos asientos del fondo. El ambiente oscuro le daba esa un ligero toque de intimidad y complicidad. En pocos minutos, volvieron a ser ellos