Un amor fugaz.
Al no recibir respuesta alguna de su amante, Stella indignada e iracunda comienza a llamarlo, pero todas y cada una de sus llamadas, fueron redirigidas al correo de voz.
¿Había apagado el teléfono para no atenderla?
—¡Maldita sea! ¿me esta ignorando? —gruñó, lanzando el móvil contra el piso y llevándose las manos a la cabeza.— Voy a destruirte Mateo Lombardi, vas a venir a suplicarme de rodillas que te perdone. Nadie ignora a Stella Whote sin recibir su castigo. Te juro que esta, me la paga