El sol comenzaba su lento descenso hacia el horizonte, tiñendo el cielo de la universidad con tonos de un naranja sangriento y violetas profundos, como si el propio firmamento estuviera presagiando la tragedia que se cernía sobre la pequeña ciudad. Las clases habían terminado hacía apenas una hora, y el campus, que momentos antes era un hervidero de voces, risas y pasos apresurados, comenzaba a vaciarse poco a poco, dejando atrás un silencio creciente que a Cassy se le antojaba amenazante, como