El sonido de los neumáticos desgarrando el asfalto fuera del almacén fue el primer aviso: un chirrido agudo, violento, que hizo eco en el vasto hangar de cemento y acero como un presagio de juicio final. Inmediatamente después, el rugido del motor del Mustang negro, ese sonido gutural y potente que Cassy reconocería incluso en la tumba, silenció hasta el rumor de las olas rompiendo contra los pilares del muelle. El aire se volvió denso, cargado de electricidad estática y el olor metálico de la