La mañana llegó envuelta en una luz grisácea y suave, como si el cielo no quisiera despertar del todo, y la universidad poco a poco fue llenándose de vida, de pasos rápidos, de voces, risas y el ruido de las puertas que se abrían y cerraban sin parar. Para Cassy, todo empezaba a sentirse un poco más familiar, un poco menos aterrador que los primeros días: ya sabía por dónde ir, dónde quedaba cada aula, quiénes eran sus compañeros, y tenía a su lado a Olivia y a Sandra, que hacían que todo fuera más fácil, más ligero, menos pesado. Durante las primeras horas, todo transcurrió con una calma que casi le parecía irreal. Estaban sentadas juntas en las clases, escuchando a los profesores, tomando notas, comentando cosas en voz baja entre ellas, como lo haría cualquier grupo de chicas de su edad. Cassy llevaba su ropa sencilla de siempre, sus lentes sobre la nariz, sus rizos oscuros bien peinados y su piel morena brillando suavemente bajo la luz que entraba por las ventanas. Intentaba conce
Leer más