Cassy entró en su casa con las piernas temblando, sintiendo que apenas lograba arrastrar su propio peso tras aquel horror que había encontrado en el umbral. La imagen de la pequeña caja, de aquella lengua ensangrentada y de la palabra escrita en rojo que goteaba sobre la madera -traidor- se le había quedado grabada en la retina como una marca de fuego, repitiéndose una y otra vez en su mente sin que lograra apartarla. Cerró la puerta tras de sí con manos torpes y heladas, giró el cerrojo con un