Sí llegó.

Raúl habla con Nathan sobre los recortes que ya se han hecho y demás. Madison ya mareada por el alcohol se arrima hasta Raúl y se recuesta de su hombro. Él se tensa, dejando de hablar de inmediato.

Nathan lo mira, como esperando que él haga algo malo para acuchillarlo.

Entonces el pelinegro envuelve la cintura de la mujer con su brazo, y gira el rostro para hablarle.

—¿Ya te quieres ir…?

—Ay sí… Ustedes dos… hablando de números… Qué aburrido.

Nathan ríe un poco, aliviado por ver a su hija tranq
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