Ya no hay vuelta atrás.
El pelinegro carga a la mujer en sus brazos, sacando también las flores para que no se vayan a dañar. El vigilante le ayuda con el ascensor, y una vez que están subiendo, Raúl siente que no puede con el peso.
Y no precisamente el de ella.
Llega al departamento y toca el timbre. Carmen, la niñera, no tarda en aparecer soñolienta.
Ayuda al hombre con las flores, él le dice que puede quedarse a dormir si así lo desea, la chica cae rendida en el sofá y él sube a Beatrice.
Como aquella noche después de la fiesta de su empresa, le quita los tacones, le limpia la cara; pero no se atreve a quitarle la ropa, solo afloja su brasear desde atrás y su cierre para que esté más cómoda. Ella lo atrapa antes de que él se pueda quitar los zapatos así que se lanza así a la cama, entonces quitándose los zapatos con los mismos pies.
Luego la sube a su cuerpo, aferrado a su calor, su esencia, dejando que descanse sobre los latidos de su corazón.
De nuevo, no logra conciliar el sueño como debe, ahora tiene