Una vez que se encuentran dentro de la suite, Raúl deja escapar un silbido. Todo está oscuro, pero ella toma su mano, guiándolo. Él solo se deja guiar. Porque jamás dudaría un segundo de ella.
Los segundos pasan, con respiraciones pesadas. Y allí, en un pasillo, hay una luz tenue. Su corazón se aprieta y sus ojos se llenan de lágrimas al verlo. La habitación está iluminada con velas, y hay pétalos de rosas en la cama.
¿Lo ha hecho para él? ¿Realmente merece tenerla?
Las dudas se ven en su mirad