Una vez que se encuentran dentro de la suite, Raúl deja escapar un silbido. Todo está oscuro, pero ella toma su mano, guiándolo. Él solo se deja guiar. Porque jamás dudaría un segundo de ella.
Los segundos pasan, con respiraciones pesadas. Y allí, en un pasillo, hay una luz tenue. Su corazón se aprieta y sus ojos se llenan de lágrimas al verlo. La habitación está iluminada con velas, y hay pétalos de rosas en la cama.
¿Lo ha hecho para él? ¿Realmente merece tenerla?
Las dudas se ven en su mirada cuando se encuentra con la de ella.
Beatrice, nerviosa, frunce el ceño al notarlo algo perturbado.
—No… ¿No le gusta?
Puede sentir cómo la decepción comienza a expandirse. Pero no obtiene respuestas. No en palabras. Pues el pelinegro la acerca a su cuerpo y besa profundamente, dejando sus corazones resonando.
Raúl junta sus frentes, apartando el cabello de su rostro.
—Es una de las sorpresas más hermosas que he recibido —dice, sonriendo.
Ella suspira, aliviada. Entonces lo toma del saco y lent