Llenos de pánico.
Mientras escuchaban los gritos lejanos, las mujeres intentaron distraer mucho más a los niños, cantando, pero con los corazones llenos de pánico. La señora María se había ido a otra parte con el señor José, así que cuando Beatrice los ve regresar y al mismo tiempo ve salir a Nathan Halls de donde sea que estaba, su corazón da un vuelco.
—Nathan… —dice José.
Pero Nathan le hace un ademan y le pasa por un lado. Luego el hombre enfurecido gira el rostro directamente hacia la castaña y ella intenta devolverle la misma mirada. No se dejará intimidar.
Justo cuando Nathan se va, todos sueltan un exhalo.
—María, Beatrice, saquen a los niños de la piscina —dicta la mujer mayor, nerviosa.
—Está bien, iremos por algo de comer —dice María de los Ángeles.
Beatrice supervisa que todos estén fuera a salvo, y se va con María de los Ángeles hacia el lugar donde están los refrigerios. Su cuerpo siente el frío por estar fuera del agua, pero realmente su piel no está erizada por eso. Hay una tensión deva