Narrador
Mientras la oscuridad se apoderaba de Rockefeller, un susurro tranquilo se alzaba desde las aguas del mar. Era el sonido reconfortante del agua acariciando el costado de un barco, como si la propia naturaleza estuviera tejiendo una canción de cuna para el océano.
Como si hubiera aparecido de la nada, un barco no tan poderoso navegaba sobre las tranquilas aguas, trayendo consigo de nuevo la maldad, amenazando con opacar la paz y el amor, que en la mansión Ferrer se había construido.
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