Punto de vista Maximiliano
Parpadeé lento al sentir que una pequeña pero muy áspera lengua estaba invadiendo mi nariz, «Pero ¿Qué coños?» pensé.
Mientras mi cerebro conecto con mis sentidos, recordé que mi mansión había sido invadida por dos seres demasiado especiales, uno de ellos, era Leoncito, el bendito gato que Madison adoptó para vivir con nosotros.
Quise apartarlo de un solo golpe por la molesta rinitis que me causaba, pero por fortuna recordé, que tengo demasiada fuerza y un solo empu