Quiero montarte.
Durante unos segundos ninguno de los dos habló. El mundo parecía haberse detenido alrededor de ellos. Las luces de la ciudad brillaban detrás de los enormes ventanales del penthouse, pero nada de eso importaba. Porque después de tantas heridas, de tantos errores y de tantas lágrimas, finalmente estaban frente a frente sin barreras. Sólo ellos. Sólo la verdad.
Renata permaneció observando a Sebastian. Sus ojos verdes. Aquella mirada intensa que tantas veces la había confundido. Aquella mirada qu