Habían transcurrido cuatro años y algunos meses desde el día en que Sebastian y Renata pronunciaron sus votos frente al altar. El tiempo había pasado con una serenidad que ninguno de los dos se había atrevido a imaginar cuando la vida parecía empeñada en separarlos. Las heridas del pasado ya no dolían. Permanecían únicamente como cicatrices que les recordaban cuánto habían luchado para construir el presente que ahora disfrutaban. La justicia había seguido su curso, las empresas continuaban expa