El vehículo finalmente se detuvo frente a la imponente estructura de la Mansión Vegetti, y por un instante el mundo de Renata pareció quedarse en pausa, como si todo el aire hubiera sido succionado de sus pulmones justo en el momento en que comprendió que no había vuelta atrás, que ese lugar al que tanto temía volver ahora sería su hogar, aunque fuera temporalmente, aunque cada rincón guardara recuerdos que aún dolían como heridas abiertas que nunca terminaron de cerrar.
Sus manos temblaban li