La mañana había comenzado de forma tranquila.
Demasiado tranquila.
El sol se filtraba a través de las ventanas de la clínica, iluminando la habitación donde Renata descansaba.
Las últimas horas habían sido extrañamente serenas.
Por primera vez desde el accidente, el dolor físico comenzaba a disminuir.
Los médicos estaban satisfechos.
Las enfermeras sonreían.
Todo parecía indicar que la recuperación avanzaba por el camino correcto.
Y precisamente por eso nadie percibió la tormenta que se aproxim