La noche había caído sobre la ciudad.
Una noche oscura.
Pesada.
Amenazante.
Las luces de los edificios parecían insignificantes frente a la tormenta que se estaba gestando en el corazón de Sebastian Vegetti.
Hacían ya varias horas desde la desaparición de Renata.
Varias horas que para él se habían sentido como una eternidad.
Nadie se atrevía a interrumpirlo.
Nadie se atrevía siquiera a respirar demasiado fuerte en su presencia.
Porque todos podían verlo.
Todos podían sentirlo.
La furia.
La preo