Es mi mujer.
El golpe fue invisible, pero impactó igual.
Y entonces Antonio perdió el control. Su puño se lanzó sin advertencia. El impacto resonó seco en el rostro de Sebastian.
Su cabeza se giró levemente por la fuerza del golpe, pero no retrocedió. No levantó la mano. No respondió. Antonio respiraba con dificultad.
—Eso es por meterte donde no te corresponde, porque con el que te di hace rato no me había conformado y ahora puedo estar en calma.
Sebastian volvió el rostro lentamente.
Sus ojos verdes estab