El silencio en la habitación de Antonio era sofocante. Antonio estaba de pie frente al ventanal, la Isla se extendía ante él como si nada hubiera cambiado. Pero para él todo estaba fuera de lugar.
Su reflejo en el cristal le devolvía una imagen que no le gustaba. La leve inflamación en su rostro a causa del golpe que le dio Sebastian.
Y, sobre todo sus ojos oscuros, inestables, peligrosos.
Cerró los puños lentamente. Recordando el anillo. Ese maldito anillo en la mano de Renata. Su respiración