Renata pensó que todo había terminado. Que después de elegir el traje. Podrían irse. Respirar. Alejarse de ese ambiente que comenzaba a resultarle peligrosamente… íntimo. Pero claramente… Se había equivocado.
—Quiero otro.
La voz de Sebastian llegó con total naturalidad. Como si estuviera hablando de algo insignificante. Renata giró lentamente el rostro hacia él.
—¿Otro…? ¿Como que otro Sebastian?
Repitió, incrédula. Sebastian ya estaba quitándose la chaqueta del traje anterior con absoluta