La expresión de celos en el rostro de Sávio es clara e intensa. Se acerca rápidamente a Marina y la sujeta del brazo, obligándola a desistir de entrar en el coche. Víctor, que ya había dado la vuelta y estaba con la puerta abierta para subir al vehículo, se detiene por un momento, observando la escena desde lejos, curioso por ver cómo Marina manejará la situación.
— Deja eso, Sávio, no digas lo que no sabes — pide Marina, intentando mantener la calma, pero visiblemente desconcertada.
— ¿Por qué