Al día siguiente, la casa de la familia Ferraz volvía a estar llena de movimiento. La cena de esa noche sería especial: los invitados no eran otros que los padres de Daniel, el novio de Amelie.
Por la casa, Amelie caminaba de un lado a otro, incapaz de ocultar su nerviosismo. Su estómago estaba hecho un nudo y sus manos sudaban ligeramente. Conocer a los suegros por primera vez ya sería intimidante de por sí, pero saber que todo eso había sido idea de su padre hacía la situación aún peor.
Impac