Despertar en los brazos de ricitos fue extraño, había sido la primera noche que había dormido sin pesadillas y malos recuerdos.
¿Será un designio de los cielos para que me de una oportunidad de amar nuevamente?
No lo sabía, lo que sí me había quedado más que claro era que esas manos, ¡Dios! Esas manos hacían milagros. Mi cuerpo aún temblaba después de lo que habíamos hecho en la noche y de sólo sentirlo a mi lado, abrazándome de manera posesiva, mi entrepierna estaba húmeda.
-¿En qué piensas ta