Por favor no te vayas, quédate conmigo esta noche...
Su mano aferrada a mi brazo y esos ojos que me miraban con intensidad detuvieron todo acto por escapar de lo que sentía en ese momento, pero no solté la perilla de la puerta, tenía miedo al rechazo o que solo fuera una mera ilusión. Quería salir de ahí, porque su cercanía me quemaba, había desnudado todo mi ser frente a ella, me había expuesto y sabía que lo que había hecho podía alejarla más de lo que ya estaba, pero esa simple frase me dejó