— Sí, debemos irnos, este país me ha dado demasiados golpes, ya no soporto uno más — alegó incapaz de rendirse, y dispuesto a convencerme
— Sí, pero huyendo no se soluciona la vida, lo sabes bien — volví a refutar en contra de su petición
— Pero, Mary, nada de lo que hay aquí me pertenece, vámonos, no perdamos más tiempo – insistió, mientras me tomaba por la cintura y me volteaba hacia él, colocándonos de manera más cercana, nuestra cara mirándose fijamente
— ¿Y qué haremos? ¿Con qué vamos