Abrí la mochila, y lo primero que encontré fueron dos vestidos largos completamente hermosos, dos antifaces y en el fondo de esta, había dos cartas más, y lo más relevante era una tarjeta de invitación supremamente elegante.
— ¿Estabas peleando por esto? — pregunté irónica mostrando las tres cosas en alto mientras Lucrecia se ponía de pie
— Arruinaste la sorpresa — musitó con rabia, estaba realmente frustrada y yo me estaba comportando como una niñita malcriada
— Las cartas son de Eduardo supon