— La respuesta a eso ya la tienes tú — me dijo deslizando su brazo, logrando escapar de mi mano que la estaba apresando, yo no pude hacer ningún intento de detenerla, cerré la puerta, y me quedé de nuevo en medio de la sala, sola, con mis pensamientos indetenibles.
Lo único que pude hacer fue abrazar los claveles que Eduardo me había enviado, siempre había dicho que yo tenía su mismo olor, pensar en lo que podían estar tramando a mis espaldas me llenó de temor, y a la vez de ansiedad, era como