Ahora entendía por qué Eduardo señalaba que ese lugar le recordaba a mí, pues había ahí un sinnúmero de jardines llenos de claveles de todos los colores, como me gustaban, además había ahí un estanque hermoso, yo lo vi de largo, estaba muy lejos de donde me encontraba sentada, pero a simple vista pude notar el enorme parecido al que tenía con el que había cerca de uno de los cultivos de fresa, en donde tantas veces nos metimos para disfrutar de nuestros cuerpos desnudos.
— Señorita — escuché qu