— Vamos, anda respóndeme — le grité por primera vez con enojo, pues odiaba que me hubiese ocultado todo durante seis meses, después que yo le había brindado mi confianza completamente incondicional
— Sí, fui yo — repuso de golpe con la voz contrita, yo ya sabía bien que nadie más que ella podía ser la persona que llevara esa carta hasta mi cuarto, pero escucharla afirmar, me dolió muchísimo; la única en quien confiaba había estado jugando en mi cara y no me daba cuenta.
— Por Dios, Lucrecia, nu