El mensaje llegó cuando estaba acostada mirando el techo y evitando activamente pensar en mi vida, lo cual ya era un deporte de alto rendimiento en ese punto, y cuando vi su nombre en la pantalla sentí ese pequeño salto incómodo en el pecho que ya empezaba a ser sospechoso.
¿Cómo estás tú y el bebé?
Lo leí dos veces, luego una tercera, y terminé frunciendo el ceño porque, aunque la intención era correcta, sonaba tan… formal que parecía un recordatorio médico más que un mensaje de alguien que se