Cuando Adrián dijo “salir este fin de semana”, no estaba exagerando.
Yo esperaba algo normal, un restaurante bonito, tal vez una mesa con velas y un camarero juzgándome en silencio, pero en lugar de eso me encontré frente a un lugar completamente vacío, elegante, iluminado solo para nosotros, y lo primero que pensé fue que claramente yo no estaba preparada emocionalmente para citas nivel multimillonario.
—¿Alquilaste todo el restaurante? —pregunté, cruzándome de brazos.
—Sí.
—Eso es… intimidant