Apenas cruzaron la puerta del departamento, Luciana cerró con seguro y se adelantó unos pasos.
—Puedes ponerte cómodo —dijo en voz baja, mientras se encaminaba hacia la cocina integrada, cargando aún las flores entre sus manos.
Dylan asintió en silencio, dejándose caer en el sofá de la sala. Sus ojos, esta vez, recorrieron el lugar con atención.
Era un espacio acogedor, decorado con colores suaves, lleno de pequeños detalles que hablaban de la persona que lo habitaba: velas aromáticas, libro