Frente al edificio de Luciana
Dylan estaba apoyado contra su coche, el ramo de peonías todavía en una mano, mientras miraba hacia la entrada del edificio.
Había tocado el timbre hacía más de media hora.
Y nada.
El frío de la noche empezaba a calarle los huesos, pero no pensaba irse. No esta vez.
Justo cuando estaba considerando volver a intentarlo, escuchó la puerta abrirse y vio a Luciana aparecer en la entrada.
Su estómago se contrajo.
Luciana bajaba lentamente las escaleras, en pijama