Luciana, todavía abrazada al saco que la envolvía en su aroma, alzó lentamente una mano y acarició la mejilla de Dylan, rozándola con la yema de sus dedos.
Él cerró los ojos por un segundo, entregándose al tacto cálido y suave.
Sin pensarlo demasiado, Luciana se inclinó hacia él y rozó sus labios con los suyos en un beso que comenzó como una tímida caricia… pero que pronto se profundizó, cargado de sentimientos que ninguno de los dos podía ya seguir negando.
Cuando se separaron apenas unos m