Despacho de Dylan – Noche
El reloj marcaba casi las diez cuando Alex entró en la oficina, sin necesidad de tocar.
Encontró a Dylan sentado detrás del escritorio, con el saco tirado sobre el respaldo de la silla y las mangas de la camisa remangadas.
El hombre parecía derrotado, con los codos apoyados en las rodillas y la cabeza gacha, como si cargara el peso del mundo sobre los hombros.
Alex cerró la puerta tras de sí y se dejó caer en una de las sillas frente al escritorio.
—¿Qué demonios