Desde el pasillo, detrás de una columna, Luciana observaba.
No sabía muy bien por qué, pero había querido verlo.
Quiso asegurarse de que recibiera su pequeño obsequio, y más aún, de que entendiera lo que significaba.
Cuando vio a Dylan detenerse frente a su escritorio, fruncir el ceño y tomar el paquete, contuvo la respiración.
Él abrió el regalo con esos movimientos medidos y elegantes que a veces le sacaban de quicio.
Pero entonces ocurrió algo que no esperaba:
Dylan sonrió.
Una sonrisa peque