Los días comenzaron a tener un ritmo extraño, casi predecible, en la casa de mis padres. Me despertaba con el sol filtrándose entre las cortinas de mi antigua habitación, esa que aún conservaba algunos recuerdos de la adolescente que había sido: fotos descoloridas, un par de libros juveniles en los estantes y el aroma a madera vieja impregnado en las paredes. Ahora, cada mañana era distinta porque había una vida creciendo dentro de mí. Sentía el peso de mi vientre cada vez más evidente, y aunqu