La mañana después de mi regreso, desperté con el aroma del café recién hecho impregnando la casa. Ese olor era un recuerdo vivo de mi infancia, uno que me transportó a años atrás cuando las mañanas eran simples y los problemas parecían tan lejanos. Bajé las escaleras con pasos lentos, aún con el corazón pesado.
En la mesa estaban mis padres, esperándome. Mi madre sonreía, aunque en sus ojos se escondía una inquietud que no podía disfrazar. Mi padre, en cambio, mantenía la expresión grave, como